30 ene 2008

Espectáculos

Fuente: Revista Rolling Stone.

Favio Posca: Mr. Vértigo

24 horas al dia es suficiente. Actor de tiempo completo, es el emblema del crossover entre el under, la radio veraniega y las tiras de la tele abierta.

De su Mar del Plata natal a Buenos Aires, del surf a la trasnoche, de la malla perdida al ritmo exagerado de la gran ciudad.




Hasta hace no mucho, todavía había despistados que iban a ver a Favio Posca al teatro esperando encontrarse con alguna de esas caricaturas simpáticas que conocen de sus papeles en las tiras de Suar, y lógicamente saltaban de la butaca al toparse con lo que hasta ese entonces no conocían: el culo. Sí, el culo de Posca. No se trata de un "desnudo cuidado", obviamente, pero para él, como puede serlo para Bersuit, es toda una declaración artística: culo. Sin eufemismos: Posca de espaldas desnudas al público con las manos en sus glúteos haciendo la mímica de su… culo. Algunos dirán que es un gesto trillado y hasta falto de gracia, pero deberían ver su eficacia escénica. En Alita de Posca, el unipersonal que terminó en noviembre después de tres años de salas llenas y entradas agotadas siempre con dos semanas de anticipación, la aparición de un culo es naif en comparación con las palabras de los personajes, incluso con las del culo que habla. "Ahora Culo canta un boogie con la armónica. Estuve practicando porque tiene que ser realista. Lástima que todavía no conseguí sacar el aire por el ojete. ¡Ja!" Ese es Posca. Es él y todos sus personajes. Algunos de ellos van a aparecer este verano de 2008 en su nuevo espectáculo, Los quiero muchísssimo. "Estoy seguro de que es lo mejor que hice. Si Alita estaba ahí arriba, éste va a despirocar a todos", afirma este actor de 41 años con un tono, digamos, acelerado. ¿De qué otro modo puede hablar un entusiasta que hace en simultáneo radio, televisión y teatro, practica varios deportes extremos (¡también parapente!), sale a correr a diario con su perro y es marido amoroso desde hace veinte años y un responsable padre de dos hijos? Acelerado es poco. Pareciera como si en su forma de hablar, en sus interpretaciones y en su vida, hubiera algo de la velocidad que lo tiene atrapado. "El cansancio físico me da poder de creatividad", teoriza con algo de autosuficiencia. Esta nota está en el medio de ese maratón diario de actividades: en una hora dirá que tiene que irse y lo hará a toda velocidad. "Yo creo que el día es largo si uno sabe aprovecharlo. O sea, con veinticuatro horas está bien. Pero la disciplina es fundamental. Y yo soy como Terminator, o sea, me quedo dos segundos quieto y arranco con todo como si nada. La gente que me conoce por ahí me dice que pare. Pero la gente que me ve no se entera de todo lo que hago en el día y no tiene por qué. Cuando uno entiende eso, deja la vida cada vez que sube al escenario." El afán de Posca por estar en varios lugares a la vez también lo llevó a ocupar diferentes esferas en su relación con el público.

Este año, por ejemplo, grababa de día las escenas de Ezequiel, un simpático carnicero sobrevenido en estrella de reggeatón en Son de Fierro, mientras que de noche en el teatro contaba las historias de Angelito, el abogado cocainómano que sólo entrena para poder seguir tomando y que llega diez horas tarde al cumpleaños de su madre. Sin hambre, por suerte.

Si en la tevé se muestra excéntrico y querible para las amas de casa, en el teatro es zarpado y cómplice del público joven. Las criaturas que salen de la mente de Posca "son marginales y deformes, de mundos nocturnos o turbios, pero que viven en sí mismos". La más recordada nace de su primer unipersonal, "el más light", El Perro que los parió, y lo enfrentó con el desafío de traducir su estilo a la tevé. El Perro pasó por la pantalla con menos de dos puntos de rating en De la cabeza y Del tomate para desembarcar en el absoluto éxito atp que fue Nico. Era 1991 y Repetto había salido cebado de verlo en el teatro, pero Gustavo Yankelevich le paró el carro. "Nico me preguntó preocupado: «¿Vas a poder hacer El Perro para la 1 de la tarde de Telefe?». Yo lo miré y le contesté: «No solamente voy a hacerlo: voy a mantener la esencia del personaje»." Lo hizo.

Favio Juan Manuel Posca nació en Mar del Plata en 1966. A los 8 años partió de su ciudad natal hacia La Falda, Córdoba, y allí creció hasta los 16. Llegó a ver los últimos momentos de Spinetta Jade en La Falda Rock y, de vuelta en Mar Del Plata, terminó con desgano la secundaria en el turno noche. "No quería pasar la vida sentado en un banco prestando atención. La vida tiene que ser un cago de risa. Creo que a la segunda clase de teatro me di cuenta de que quería hacer esto toda la vida y comencé a perfeccionar mi herramienta, que es mi cuerpo. Estudié danza, canto, acrobacia, de todo. Llegué a ser conocido en mi ciudad, salía en el Canal 8 y todo. Pero tenía un techo y por eso vine a Buenos Aires."

Llegó a la capital argentina junto con su novia psicoanalista, ahora esposa, María Luisa Callau. "Mi emperatriz", dice él. Con ella compone algunos de los personajes y textos de sus obras, y llevan una vida familiar en un barrio privado de San Isidro junto a sus dos hijos Manuela (13) y Rocco (8). A los 23 estaban juntos, y Favio se ocupó de quedar en el centro de las artes escénicas: estudió en el teatro San Martín y pasó por el Parakultural y el Centro Cultural Rojas. Desde ese momento, su currículum se robusteció en los 90 con papeles en el cine y más que nada en la televisión, aunque esté destinado de por vida a personajes humorísticos, excéntricos, que ganan protagonismo desde un rol secundario. "En la tele siempre fui un outsider –avisa con tono de denuncia– . En Son de Fierro, que es una tira familiar en horario central, hago un personaje humilde con un código social villero, que en esta sociedad está mal visto. Y me jugué a hacer alguien querible. Un personaje marginal, discriminado y teóricamente violento. Es genial para mí encontrarme después a un pibito en Nordelta jugando al tenis y que me diga «eh, loco, recatate, guacho». Ese fenómeno social esta buenísimo. Siento que pude mover unas fichas."

Si hablamos de outsiders, y de los que movieron fichas en la televisión argentina, aquel original De la cabeza tuvo al pelotón, al germen embrionario que muchos imputan a Cha cha cha: Fabio Alberti, Alfredo Casero, Mex Urtizberea, Diego Capusotto y Posca. El capricho no duró ( Del tomate, el sucesor, no pasó las cinco emisiones), pero la semilla de Cha cha cha ya estaba plantada. Esa clase de humor afín al rock sobrevive hoy en Peter Capusotto y sus videos. "Habla bien de eso que hayan quedado muchos. Tanto Fabio como Capusotto y el Gordo también tienen su estilo. Los respeto porque lo han desarrollado y el arte tiene que ver con pulirse. Tampoco puedo hablar mucho de lo que hacen porque no veo televisión. Ni me veo a mí." Posca hizo la suya fuera de la tevé y su contacto con el rock se mantuvo en el teatro (Babasónicos y El Otro Yo interpretaron sus músicas y letras en la banda de sonido del unipersonal Mamá está presa ), pero quedó sellado en su programa de radio. He perdido mi malla en la playa irá este verano por su décima edición anual en Rock & Pop Beach. En todo este tiempo, él estuvo siempre al borde de la fantasía de rockero.

–¿Ya es tarde para que te dediques al rock?

–Ya tengo completamente saciadas mis ganas de hacer un disco. De hecho, estoy haciendo un disco de rock increíble, pero en función de mi nuevo show. Estuve trabajando con Los Látigos, Los Dulces y Capri, va a quedar buenísimo. Lo que no quiero es editar un disco y salir a tocarlo. Me limitaría a cantar y no puedo hacer exclusivamente eso. Yo exploto en el teatro. Mezclo lo callejero y el submundo con la moda y el rock de sonido hi-fi. Y mis shows, además de canciones, tienen algo musical. Voy buscando un flow. Y es rockero.

–¿Tiene que ver la temática? ¿Es rockero porque hablás de rock o porque hablás de drogas?

–No. La droga, la mala palabra y la música son parte de nuestras vidas. Yo expongo lo que por ahí no está bien visto por la sociedad, pero que está ahí. Me interesa hablar de eso no dicho que nos atraviesa todo el tiempo. Mis cosas tienen que ver con las adicciones, con la deformidad, con la transexualidad y con las fiestas.

–¿Por qué crees que la gente no está preparada para hablar de la cotidianidad de las drogas en televisión? Sin ir mas lejos, en Son de Fierro el único personaje vinculado con las drogas...

–Sí, ya sé. Está en el extremo del encasillamiento y de lo literal. Pero la gente no es así, los productores son así. Yo le escapo a eso. Me aburre lo literal y mi búsqueda pasa por otro lado. No hablo de sexo y drogas, hablo del comportamiento humano. Me río de eso. Encuentro en algo terrible, como puede ser una adicción, la risa. Y sin hacer humor negro, porque no me gusta. No hago humor desde el remate de un chiste, ni desde un golpe bajo. Arranco la risa desde una anécdota, emulando un comportamiento. Meto al espectador en un trip, lo llevo a una situación. Le cuento con mi cuerpo algo casi cinematográfico. Ese es el estilo Posca.

–¿Cómo se llevan en vos el deportista y el rockero?

–El deporte va de la mano con todo lo que yo hago. Si no entrenara no podría llegar a la media hora de show. Entonces: ¿cómo estar entrenado y no aburrirme? Jet-ski, snowboard, surf. Adrenalina. Me aburren los deportes colectivos, algo bien de hijo único. El fútbol me divierte. Pero el de playa. Igual soy de Boca. Antes era muy fanático, dejé de serlo y ahora mi hijo Rocco me reconectó con boquita porque quiere que lo lleve a la cancha.

–Entonces ahora no salís… ¿Cómo escribís de la noche?

–Toda mi vida estudié las jergas callejeras, me interesó aprender los lenguajes de la gente. Pero nunca fui un tipo que se esfuerza por ir a ver algo: si no me interesa no voy. Lo mismo que la noche. Me gusta, pero la noche por la noche, no. Si me prometés una fiesta increíble, voy. Pero pasar las horas amolado en una barra con un amigo tomando whisky, no, gracias. Prefiero aprovechar el día o ir a surfear a la mañana siguiente.

Por Gabriel Orqueda

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